Historia

CHICAL EN LA HISTORIA

Según investigaciones realizadas por Tapia Amílcar, Monroy Joel y Martínez Eduardo han servido como guía para fundamentar lo siguiente: Los españoles que habían venido a la Real Audiencia de Quito, querían extender sus dominios con afanes de gloria y enriquecimiento; por su espíritu aventurero no les importaba infringir las leyes españolas, ni poner en juego sus vidas, para superar muchos problemas como: el relieve de la cordillera de los Andes, el clima de zonas inhóspitas y las dificultades que ofrecían los pueblos aborígenes que se resistían a la colonización.

Para estos fines los misioneros religiosos, tenían el instrumento más importante, la conversión de los jefes indios, quienes a su vez eran el nexo obligado a conseguir que sus tribus se sometan como almas fieles a la religión católica, propuesta que tenían Sebastián de Benalcázar, Juan de Ampudia, Alonso Sánchez y Diego de Tapia, que en 1537 habían conquistado estas tierras de Pastos y Quillasingas.

Ilustración 2.3 (Expedición al noroccidente del Carchi)

Expedicion-al-Noroccidente-del-Carchi

Las expediciones a Chical, se justificaban porque querían encontrar una ruta más corta de salida al Océano Pacífico, siguiendo el camino de Mallamas, Mayasquer, Barbacoa, Nulpe y Chucunés, para intensificar el comercio con Panamá.

En el año de 1538 los padres: Juan de Salas, Gaspar de Torres y más frailes del orden mercedario, autorizados por el comendador y oidor de la Audiencia de Quito, Dr. Juan del Barrio de Sepúlveda, emprendieron su tarea misionera ayudados por el cacique García Tulcanaza, Jefe indio de esta gran comarca; por los servicios prestados incluso fue nombrado gobernador de estas tierras de Pastos y Quillasingas, en representación de la Real Corona española. 

El padre Gaspar de Torres se propuso recorrer la margen izquierda de los ríos Mayasquer y San Juan, aduciendo que el cacique de estas tierras Juan BernandoMuepás no opondría resistencia ya que era indio cristiano bautizado por él; pero estas tribus no estaban sujetas a un solo cacique especialmente los Mayasqueres y Barbacoas que pertenecían al grupo de los Quillasingas. También bajo la jurisdicción de los Barbacoas se encontraban los pueblos aborígenes de Chical, Unthal y Quinshúl conformados por gente rebelde y difícil de someterse.

Gracias al tino del padre Gaspar de Torres y a la gran autoridad y buen manejo de la lengua del Cacique García Tulcanaza, llegaron a Mayasquer, después de superar muchas dificultades.

Así escribió el padre Torres a su comendador de Quito, en carta fechada el 3 de septiembre de 1547, como consta en el libro de Misiones Mercedarias, p. 56 y 57. ―Tuvimos muchos inconvenientes por la mucha agua, el frío y el rigor del tiempo que no nos permitió avanzar pronto. En llegando y por medio de intérpretes, les prometí que S. M. les haría grandes mercedes, si se hacían cristianos ―Todo lo actuado va en buena fe de que aquí hallé por vez primera a estos infieles. Por lo que toca a todo lo actuado en esta, llevo un mapa o descripción de esta tierra, con una relación de las cosas notables de ella, el libro de los que se han bautizado hasta la fecha que son cincuenta… (Describe, sobre la ayuda que da el cacique García Tulcanaza y luego continúa…) a dos leguas está el pueblo de Chical que es tierra más húmeda y más caliente y enferma y peligrosa; por los indios de guerra que hay en menos de15 leguas noticias que son más de cinco mil ánimas… En marzo de 1549 nuevamente con instrucciones del oidor Dr. Juan del Barrio de Sepúlveda se organiza en Quito una segunda expedición para encontrar un camino ―más corto, menos penoso para salir al mar y también pacificar a los pueblos belicosos de ―Chicales y Barbacoas. Esta expedición estaba dirigida por el padre Hernán González de Saá quien se unió en Tulcán al Fray Jerónimo de Aguilar y al cacique García Tulcanaza que ya era gobernador de Tulcán y todas estas tierras de Malabas, Mayasquer y Barbacoas.

Partieron acompañados por cien indios, provisiones, vasos e implementos sagrados para el culto divino; también objetos como: chaquiras, agujas, cuchillas, espejos y pinturas para agradar a los indígenas; siguiendo la ruta que dejó el padre Torres en el Primer viaje, pasaron por las faldas del Chiles donde se admiraban de la gran cantidad de azufre: ―que bueno como medicina y para hacer pólvora para la defensa… decían; luego llegaron a Rumibais en cuyo lugar el cerro tiene la forma de una oreja, aquí el español Juan de la Piedra enfermó gravemente por haber comido ―mortuño posiblemente sería ―Shansi que abunda en el lugar, desde esta ocasión al lugar le llamaron ―Rumihuasi (casa de piedra).

―Cuando llegaron a San Felipe de Mayasquer, fueron bien recibidos por un gran número de indígenas dirigidos por el cacique Muepás, los que estaban sobre avisados; aquí el padre Aguilar celebró misa, lo mismo hizo después en San Juan de Tisombí, donde el río Mayasquer se une con el Río de la Plata y Forman el San Juan de Tisombí; aquí empieza el clima subtropical y el dominio de los barbacoas. Así consta en el Libro de Novedades sobre doctrinas de los Pastos, Archivo del convento de Mercedarios de San Juan de Pasto; también en Quito Con el mismo tino y prudencia siguieron adelante con la expedición, sabían que los indios de Unthal, Chical y Quinshul eran más ―astutos y avisados. Tulcanaza se adelantó a los españoles y ofreció a los nativos las cosillas y objetos que a ellos les gustaba; con lo que aceptaron la llegada de los misioneros y más viajeros. En esta zona encontraron una inmensa riqueza maderable, árboles resinosos, plantas medicinales y exóticas, muchas desconocidas por los españoles. Entre los maderables se destacaban: cedros, benjuí, chachajo, quende, guayabo, caimiteros, nogal, pambil, gualte y chontaduro; entre los resinosos: sandi, lacre, copal y barnís, que fueron muy apreciados por los indios; entre las plantas medicinales: cascarilla, coca, justa razón y drago.

En cuanto a textiles figuraban: la pita, para hacer shigras, gadúa para hacer canastos, el pingual y piquigua para hacer canastos más finos, bejuco negro para los puentes colgantes de cruzar los ríos que existían en la zona, hoja de bijao para cubrir los techos de las casas; palo de guasca, para hacer cuerdas y cargaderas, el añil para tinturas mezclaban con cabuya o con otras hojas, la copaiba para sacar el bálsamo muy apreciado por los españoles. Ilustración 2.4 (Puente colgante de bejuco)Puente-Colgante-de-Bejuco

Detalladamente la utilidad de cada una de estas plantas consta en el ―Libro primero de Noticias Varias, de Doctrinas y Tributos. Desafortunadamente estas riquezas naturales fueron mal explotadas, y destruidas, las mismas que hubiesen sido un gran aporte para las generaciones posteriores. También encontraron gran cantidad de animales silvestres, peces y frutas tanto cultivadas como exóticas, algunos indígenas recogían pequeñas pepitas de oro entre la arena de los ríos, muchas mujeres usaban pendientes de oro, por lo que estaban seguros (los españoles) que era una zona de mucho oro; estas riquezas y la gran autoridad que ejercía el cacique García Tulcanaza, aunadas a las tácticas del Fray Jerónimo de Aguilera, atrayendo a la religión a muchos indígenas; por otra parte estaban cumpliendo con la misión de abrir un nuevo camino al mar y ahora más que eso Gonzáles de Saá y Sebastián García entendidos en minerales. Seguían interesados en explotar los recursos naturales y humanos de esta zona. Cuando regresaron a Quito dejaron instrucciones claras a Tulcanaza para que continúe con la obra misionera y económica.

Este a su vez convocó a los caciques de Huaca, el Pu y Tuza para pedirles el envío de mano de obra para la explotación de minas y recolección de especies que abundan en los ríos que nacen en las estribaciones de esta cordillera. El cacique Melchor García Paspuel, Tuza principal de Huaca, se opuso a esta disposición, acogiéndose a la ordenanza 70 de la Real Audiencia de Quito de 1563 que decía…Item que los dichos nuestro presidente y oidores tengan siempre mucho cuidado y se informen de los excesos y malos tratamientos que se hicieren o han hecho a los indios que estuvieren en nuestra Real Corona… Procurando que los dichos indios sean muy bien tratados e instruidos en nuestra santa fe católica y como vasallos nuestros, libres… Tulcanaza con su acostumbrada autoridad exigió a los caciques que cumplan sus disposiciones y las del padre Jerónimo de Aguilar que se hallaba nuevamente entre la tribu Pastos, procurando que los indios escogidos para llevarlos a Chical fueran jóvenes, de buena salud y que no produzcan problemas en sus casas o familias. En agosto de 1601 se despacharon los primeros cien indios desde el Pu, para que trabajen en el Río de la Plata en la recolección de ―pepitas de oro de subida ley (Posiblemente en lo que hoy es Maldonado y en las minas y lavaderos de Chical).

Hasta marzo de 1602 habían fallecido 30 mineros, acosados de ―males de sudores picaduras de insectos y culebras, melancolías y muchos del ―mal de asiento con lo cual la empresa tendía a fracasar. Entonces optaron por obligar a los propios nativos, quienes por no ser sometidos a fuertes trabajos tanto en las minas como en los lavaderos, dejaban sus tierras, se internaban en las montañas y desaparecían. En enero de 1603 el número de los trabajadores pastos se había reducido a diez, lo que trajo grandes problemas entre caciques e incluso entre algunos mercedarios que no querían que se sigan contratando trabajadores, de tierra fría que eran engañados y llevados a trabajar en climas cálidos, en trabajos fuertes de donde casi nunca regresaban. Así informaba el padre Gonzáles de Saá a su comendador de Quito, (ACM-Q en su libro pero no contaba de la explotación de las minas, por tal razón las autoridades religiosas y españolas no lo sabían. ―El temple y la calidad de esta tierra es la siguiente. No hace frío ni calor, llueve mucho y hay demasiadas víboras grandes y pequeñas; una de a vara o otras más pequeñas y pintadas, ponzoñosas que a los indios que muerden pocos escapan de la muerte.

No hay mosquitos de noche que piquen, ay cucarachas pequeñas de noche, pero no dan pesadumbre, ay grillos en las casas que cantan de noche y pican la ropa de lana que hacen agujerillos en ella; ay hormigas y un poquillos grandes que vienen a las casas viejas, de noche, a buscar que comer; las cucarachas en gran número de ellas juntas y otras pequeñas, también en número de ellas de día ni más ni menos andan estas hormigas por el monte y pican mucho; ay avispas, ay abejas que hacen miel, ay otras hormigas grandes negras que pican como avispas que duelen mucho

―Las casas que estos naturales tienen son de bahareque de palos, no está con barro puesto; la cubierta de ellas es una hoja que ay en las montañas de palmas pequeñas; no llevan fruto estas palmas, dura tiempo de tres años que luego se pudre juntamente con los palos que tienen hincados por mucha humedad de la tierra; otras casas cubren algunos naturales con hojas de bijao grandes y anchas, que duran tiempo de un año y luego se acaba la tal casa y hacen otra de nuevo. No tienen puertas de palos ni de tablas así está abierta la puerta de cada casa, señal que no se hurtan los unos a los otros nada de las cosas solas no les falta nada de ellas

―En la zona de Nulpes de la provincia de Pasto y que está como a cinco leguas del pueblo de Quinshul, son tan atrevidos los naturales que hubo una noche que asaltando a los barbacoas, mataron a casi todos los vecinos y escapándose a duras penas un español de apellido Toledo vino con gran susto y pavor a pedir socorro del padre Jerónimo de Aguilar y halló pendientes de la casa principal las cabezas de veinte y cinco indios, cuyos miembros gustan exhibir estos salvajes como un preciado trofeo de guerra.

―Estos terribles andan cubiertos no más de la cintura para abajo, es tierra de oro….La guerra permanente entre tribus les impedía explotar sus abundantes riquezas que lavaban a orillas de los ríos. Su principal sustento es la carne humana, que la consiguen entre los cautivos por las innumerables peleas que ellos tienen… En el año de 1610 el padre Burgos y el padre Romero, por orden del Capitán Miguel Arias de Ugarte pertenecientes a la jurisdicción de Ibarra, con autorización del Marqués de Montesdeoca Virrey de Lima, parten desde Lita con dirección a Chical, con la finalidad de pacificar a los indios Aguamalabas, formados por los grupos Espíes, Pruces, Niupes, Mingas y Guasmingas, ubicados en esta zona perteneciente a la Gobernación de Gabriel Tulcanaza; donde según información del indio Diego Umaña habían importantes minas de oro y plata.

El padre Burgos viajó a Tulcán e inquirió datos sobre los minerales que el gobernador Tulcanaza había cuidado, receloso de que se produzca una desmesurada explotación, como después sí ocurrió. No solo se llevaban el oro y explotaban a los indios, sino también abusaron de sus mujeres, asunto que molestó mucho a los nativos que ayudaban en la consecución del camino de salida al mar. Ilustración 2.5 (Explotación de oro en las cuevas de AHUCA en Chical)

Explotacin_de_oro_en_las_cuevas_de_AHUCA_en_Chical

Un día los barbacoas mataron a tres españoles y a varios indios que los acompañaban, e incluso hirieron de gravedad al padre Romero que después murió en Enero de 1612. Esto preocupó mucho a los españoles que estaban en esta región y no se interesaron más en el camino de salida al mar, pero si se dedicaron a las minas que existían en Chical y Quinshul, donde explotaron y maltrataron a los trabajadores; algunos habían muerto dentro de los hoyos de las minas, otros sufrían por sus tierras, mujeres e hijos que dejaron por venir a estos lejanos lugares de donde casi nunca regresaron, muchos se revelaron por los abusos y explotación de los mineros.

―Creo que hice muy mal en anunciar de estas minas para que haya tanta pena y dolor en los pobres indios Escribía el padre Juan Bautista Burgos en carta de provisiones a comendadores en el año de 1613. El mismo año de 1613 los indios de Chical atacaron por asalto a los encomenderos, mineros y españoles; terminaron con todo lo que existía en el pueblo, sin dejar nada, todo lo arrasaron con fuego. Ilustración 2.6 (Incendio del pueblo de Chical por los mismos indios)

Incendio_del_pueblo_de_Chical_por_los_mismos_indiosLa destrucción de Chical, fue conocida en Quito el mes de febrero de 1614 por información del padre Juan de León al comendador Fray Mateo Morales, quien comunicó a la Audiencia de Quito en los siguientes términos, ―Comunico a V.S. que la doctrina del pueblo de Chical de la provincia de los Pastos fue destruida por el fuego y asalto de bárbaros de la zona de Barbacoas altas, causando la muerte de cuanto español existía, varios indios y numerosos daños que dejaron hambre y miseria en esta parte de mi doctrina y religión… (Provisiones a comendadores: en el libro de Comendadores, 1600-1645).22 En el año de 1615 se reúne en Lima la Orden Mercedaria y declaran a Quito como nueva provincia con autonomía propia, dirigida por el padre Andrés de Solá, quien a la vez dispuso que el padre Juan Bautista Burgos regrese a la misión de Tulcán acompañado del Fray Martín de Argoti para que apoye en la pacificación de los sublevados Chicales, Barbacoas, Mingas y Cuasmingas.

En esta época comerciantes inescrupulosos como Juan Figueroa y Sebastián de Velasco había conseguido del padre Esteban Matoso (encargado de la doctrina de Tulcán por unos días); una orden para Mateo Tulcanaza, sucesor de Gabriel Tulcanaza que, ―recoja varias gentes de su ayllo para que presten servicio mandado en las minas de Chical en donde se les pagará buen estipendio y que no pasarán de tres meses su estancia en estos lugares y regresarán cargados de plata, que los sacarán de miseria y pobreza.

Esta orden estaba respaldada por el padre Gaspar de Hernández. Al regreso del padre Burgos, el gobernador Mateo Tulcanaza, don Marcos Taques principal del pueblo de Taques y los caciques de Mallama, Gualmatán y Funes protestaron y se opusieron tenazmente ante tal disposición, porque los misioneros sabían que con su salida, los indios carecían de la protección que los religiosos solían darles ante la desaforada ambición de los encomenderos que aprovechaban toda oportunidad para cumplir con sus objetivos de enriquecimiento.

22 Provisiones a comendadores: en el libro de Comendadores, 1600-1645) 23 Padre Jaramillo en carta dirigida al Comentador de Quito el 20 de mayo de 1620 Así escribió el padre Jaramillo en carta dirigida al Comentador de Quito el 20 de mayo de 1620 en la que sugiere abandonar las misiones de Barbacoas, ―grandes intereses faltos a la caridad se han desarrollado y están llegando a niveles graves en donde la ambición y el odio están dominando… En el informe del padre Burgos Comendador de Tulcán, el 18 de noviembre del año 1620 decía: ―Las misiones de Mallama, Chical, Santos de Huntal y Ntra. Sra. De la Natividad de Quinchul han sido obra de nuestra Santa Religión que con amor hemos llevado la empresa de salvar almas para Dios Nuestro Señor y Salvador.

Con pena y dolor debieron ser abandonadas por causas que V. P. R. bien conoce y que a pesar del llanto de los naturales no podemos continuar por el abandono y soledad de los parajes y de la angustia en no tener otra cosa que el breviario que el sustento del alma de todo religioso, pero no hay una visita de alguien y muy próximo. La forma de vivir del religioso es lamentable, ya que el hospedaje no es decente, como fuera razón, lo que obliga a extrema pobreza. La humedad y el calor son insoportables y al no haber cambio de hábito por higiene, los insectos apolillan la lana y se consume todo por la mucho agua. Esto sería pasable, pero los acosos de los encomenderos son insufribles si se quiere cumplir con decencia el mandato de nuestra vocación de frailes. La ambición de oro es tremenda…

También el padre Martín Argoti, doctrinero de Tulcán, al Comendador de Ibarra en carta fechada el 2 de junio de 1621 le decía: ―Vuestra paternidad es duro imaginar lo que sufren estos pobres indios por las calamidades que sobre ellos se levantas y más con la injusta demanda de sus bienes y personas por parte de los encomenderos que en verdad abusan de ellos cuando los tratan con engaños de llevarlos a las minas de oro y plata de Chical y Barbacoas…lo más duro es que no tienen director de conciencias ni su alma es para Dios, se han vuelto supersticiosos y han regresado a sus antiguas mañas de huacas y hechicerías…

Como consecuencia del ataque a la misión de Chical por los Mingas y Cuasmingas emparentados con los Chicales, se produjo la desaparición del pueblo, las minas fueron totalmente abandonadas y las misiones fueron suspendidas y enviadas a Jaen de Bracamoros por petición del padre Fray Francisco Ponce de León ante el padre provincial Francisco Cuevas, quien dio la orden que se suspendan las doctrinas de Chical, Quinshul, Mallamas y Barbacoas para que pasen a prestar ayuda en la conquista de los feroces Marañones al Oriente. Con la salida de los misioneros mercedarios, estos pueblos entran en un total abandono, posiblemente por más de 60 años.

No hay documentos que justifiquen la presencia de religiosos ni españoles en estas regiones. Por el año de 1686 Matheo Chamba representante del anejo de Mayasquer, pide a la Curia de Quito les provea de un misionero permanente para estas comunidades y también ornamentos para su capilla; de esto querían aprovecharse los mineros de Cumbal, Guachucal y Gualmatán cumpliendo órdenes de encomenderos de Pasto que afanosamente querían explotar las minas, buscaban indios con el pretexto de llevarlos al cucho de Chucunés y les pagarían buen estipendio, pero en realidad querían rehabilitar el pueblo y reabrir las minas de Chical; para no dar paso a los intereses desmesurados de los encomenderos. Los misioneros mercedarios se negaron a seguir trabajando junto a los explotadores de oro. Así se produce un abandono total de estas regiones y estas tribus del noroccidente de Tulcán que nunca aceptaron convertirse en esclavos, dando muerte a todos cuantos querían reabrir las minas, los misioneros tampoco pudieron ver cumplidas las aspiraciones de evangelización, ni gloria y fama por parte de buscadores de caminos y tesoros.

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